lunes, 27 de agosto de 2018

Para un par de días más

Para cuando muera, quiero que me hagan un alma feliz.  Pueden sacar provecho económico de ello si quieren, y no dudo de que alguien lo quiera.  Pueden venderme a cualquier causa o acreditarme cualquier frase, pero por favor nunca dejen de atormentarlos. 
Que por culpa de ellos terminé así. 
Como personas que de seguro tienen más voluntad que yo; no dejen que ganen.
Asuman las pérdidas.
Mueran luchando.

Cambios

Personas nacieron con talento.  Dentro de una amplia gama de posibilidades nacieron con cierta semilla distintiva, o al menos curiosa, que los hizo ser centro de atención.
Tuvieron suerte.
Yo quisiera ser una de esas personas.
El infierno está en las mentes de aquellos quienes realmente quieren cambiar.
Yo soy uno de ellos.  

viernes, 24 de agosto de 2018

Caja de Fósforos





¿Pa que chucha vai’ a traer tus crías a este mundo?
¿No te basta con sufrir en soledad? 
Este terreno baldío que llamamos realidad
ya no necesita más carga neutra para su basural.


¿Te cuento lo que pasa?
Una bala loca me puede partir en dos.
Ya no soy ni carne y sangre,
búsquenme en mi caja de fósforos.
Un mal movimiento me quebrará,
una pasada por la lija me encenderá la cabeza.
Tan enajenado como cualquier persona,
tan frágil y delgado como cualquier mortal.
Una bala loca que silva a mi lado
me va a reventar el tímpano.
Un auto en la calle me va a quebrar las piernas.
Tras un solo paso en falso me podrían internar.


A nadie le importa lo que te pase,
toda tu familia va a morir un día de estos.
Mas mientras te sientas frágil,
yo seré tu familia que vivirá para siempre.
Estas palabras, sus transferencias y su ímpetu,
serán las grandes características que trascenderán
a nuestro débil cuerpo físico.
Encuéntrame aquí esquivando balas,
tócame la puerta un par de veces.
Entra, hazme salir de la caja de fósforos.

Photo by Markus Grossalber; "Match"
https://www.flickr.com/photos/tschiae/8395137978/in/photostream/
Creative Commons.  

martes, 21 de agosto de 2018

...Y Entonces es Lunes Otra Vez...


Me despierto.  Fueron solo dos segundos.  Dos segundos a dos miliamperios.  Solo esa intensidad, durante ese tiempo justo, fue necesaria para abrir mis ojos.   Todos los días es lo mismo a calco; la pequeña descarga eléctrica ya no me toma de sorpresa, y ahora hasta la siento con relajo.  A menudo me llega a hacer cosquillas, y es un momento preciado cuando me doy cuenta de que es una de las pocas instancias diarias en que cambio de expresión facial.

Dejo el asunto de la alarma y el despertador para irme a la cocina.  Son diez minutos exactos de merienda.  Apenas tomo el pan, las pantallas se encienden al unísono; “El Clima.  Repeticiones de la noche anterior.   Comerciales.   Disparan a alguien en la calle.   Comerciales.   Disparan a dos personas en la calle.   Adelantos de la noche que se acerca.  Comerciales.   Disparan, pero de otra forma; algún personaje famoso se suicidó en su mansión”.   El diario contiene lo mismo, pero con comentarios intelectualistas de dudosa procedencia.  Para mi suerte, la entrada ya está lista.  Al cruzar por el umbral circular de vidrio, la luz me llega de todos lados y embota cada uno de mis sentidos durante un parpadear.   El aparato me ha transportado hacia la estación común.  Me aguardan cuarenta minutos de lenta espera, donde no puedo ni pensar ni moverme.  Mi sola presencia llega a invadir el espacio personal de al menos cuatro personas a mi alrededor, y a su vez cada una de ellas invade el espacio de algún otro, conformándose un opresivo e incómodo efecto dominó, con piezas de cardumen humano.  La corriente del pensamiento igualmente se me atrofia pues vuelvo a escuchar fonemas digitales, voces que vienen de una pantalla; “Otra tragedia griega en una mansión.  Se robaron el auto y asaltaron a la familia.  Comerciales.  Nueva versión de esa canción que habla sobre amor, ahora en un nuevo formato de minuto y medio.  Mas comerciales.  La próxima gran entrada con destino a… estará lista en unos diez minutos”.   Pocas personas caben en una de esas.  Al final tenemos que esperar el triple como mínimo, mientras todo nuestro cuerpo lo sufre; desde las piernas hasta los oídos, casi que sangrando por el bullicio del ganado reunido y de los altavoces que anuncian ofertas. 

Recién logro pasar hacia una entrada transportadora la cuarta vez que una de estas se hace presente en la estación, al menos durante el tiempo que pasé allí desde que salí de mi departamento.  Son las diez de la mañana en punto; y la nueva parada es este laberinto de cuadrados unipersonales, estos patéticos intentos de oficina, en los cuales me siento y permanezco en la misma posición hora tras hora sin cesar, horas que a medida que pasan se vuelven más eternas.  El flujo de la información se acorta y me siento tan poco estimulado que hasta podría pensar.  Pero no; el calor que se abre paso por entre las fisuras de las puertas de la habitación laberíntica, donde el clima es sofocante pero no tanto como lo que se puede llegar a sentir en las calles, calles que por esta razón se encuentran abarrotadas de autos y completamente despojadas de personas o animales no microscópicos, no me deja pensar.  Por estos efectos climáticos la calma no existe, y mis pensamientos no pueden organizarse; que las calles, que el sol, que la guerra, que la paz, que el calor, que el lunes.  Me sorprendo a mi mismo pensando en el fin de semana.

¿Saben que pasa durante el fin de semana? Tomo más entradas transportadoras que en un día normal, y con ello llego mucho más cansado que lo habitual a la casa de algún amigo.  Le hago algún comentario gracioso.  En verdad no soy muy bueno con los chistes.  Él a su vez me habla de algún libro, y yo le respondo tarareándole el coro de la-nueva-versión-de-esa-canción-que-habla-sobre-amor-ahora-en-un-nuevo-formato-de-minuto-y-medio.  Él y yo tuvimos la suerte de compartir varios espacios en nuestra infancia antes de que el mundo llegara a cambiar de forma tan abrupta.   Ahora él tiene tiempo de leer libros, mientras yo ni siquiera me puedo tomar el tiempo necesario para pensar.
Al despedirme de él me sumerjo en una nueva unidad transportadora.  Y entonces es lunes otra vez…

Texto por Sergio Leyton Soto
Imagen por Andy Maguire
Creative Commons